El valuador necesita conocer: superficie de terreno y construcción, número de niveles, antigüedad, estado de conservación, calidades de construcción, instalaciones y acabados. Debe documentar cualquier mejora o modificación importante.
Debe evaluar la zona: infraestructura urbana, servicios disponibles (agua, luz, drenaje), transporte, comercios, escuelas, áreas verdes y factores ambientales. También considerará el valor de propiedades comparables en la misma área.
Es fundamental conocer la zonificación, restricciones de construcción, limitaciones de uso y cualquier regulación municipal que afecte el valor. Esto incluye verificar que la propiedad cumple con todos los reglamentos.
El valuador debe revisar: escrituras, registro público de la propiedad, gravámenes, servidumbres, litigios pendientes y cualquier situación legal que pueda afectar el valor comercial.
Debe analizar tendencias de precios en la zona, oferta y demanda de propiedades similares, condiciones económicas locales y factores que puedan influir en la plusvalía.
El enfoque variará según si la valuación es para: crédito hipotecario, venta, seguro, división patrimonial o fines fiscales. Cada propósito requiere consideraciones específicas.
Nota importante: Una valuación profesional requiere que el propietario proporcione documentación completa y permita el acceso a la propiedad para una inspección detallada.
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